Campaña por un fútbol más saludable: Todos a una


La embajada del Reino Unido en Tokio ha lanzado una campaña para revertir la negativa imagen que pueden tener los japoneses de los aficionados ingleses al fútbol porque se les considera vándalos radicales los famosos hooligans.

La polémica ha llegado hasta tal punto que una organización no gubernamental de Osaka, al oeste del país, ha sacado una camiseta con la leyenda “Yo no soy un hooligan. Los vándalos son otra cosa” que vende por Internet a 1.980 yenes (15 dólares).

La embajada británica en Tokio ha impreso 40.000 panfletos en los que aclara en japonés que miles de aficionados británicos suelen cantar en voz alta y ponerse camisetas de su equipo, pero que eso no significa que sean violentos.

Susan Kinoshita, responsable de relaciones públicas británica, explicó que el material se ha repartido entre 1.500 profesores británicos de inglés que trabajan en escuelas para que traten de eliminar los prejuicios de los estudiantes.

En Sapporo, donde el 7 de junio se disputará el Argentina-Inglaterra, calificado de alto riesgo por la policía, y en otras ciudades, se han realizado sesiones informativas para intentar mitigar los recelos que las autoridades británicas consideran excesivos.

El propio ministerio de Justicia fletará un ferry especial con capacidad para 634 personas en el que trasladará hasta Tokio, unos ochocientos kilómetros hacia el sur, a los aficionados violentos que sean arrestados en ese partido antes de ser procesados y deportados.

La policía japonesa ha realizado ejercicios con masivos despliegues de agentes en algunos de los estadios que acogerán partidos mundialistas en el que usan todo tipo de armas y medios para enfrentarse a los “hooligans”.

En estos ejercicios los falsos violentos estaban vestidos a veces con camisetas oficiales y banderas de algunos de los equipos participantes.

Los medios de comunicación locales han colaborado a crear un pánico colectivo con una información machacona e incesante sobre los peligros del vandalismo deportivo y han puesto en vilo a la población y a los comerciantes, muchos de los cuales cerrarán el día de los partidos.

La violencia en el fútbol japonés y en el surcoreano es prácticamente inexistente por lo que se teme que la policía, desacostumbrada a actuar en estas situaciones, reaccione con exageración a posibles situaciones imprevisibles.

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